Jerónimo de Praga nació en Praga, reino de Bohemia, el 12 de agosto de 1360 y murió ejecutado en la hoguera el 30 de mayo de 1416, justo en el mismo lugar donde un año antes fuera quemado vivo su maestro, el filósofo Jan Hus, también a manos de la iglesia católica.
Conoció a Hus durante su Juventud, en la universidad de Praga. También asistió a la universidad de Oxford donde estudió la doctrina Wycliffe, la cual llevó a Bohemia. Defendió la tesis husita en distintos lugares de Europa, para finalmente presentarse junto a Hus ante el concilio de Constanza en Alemania, donde ambos fueron condenados a la hoguera por herejía.
El concilio de Constanza resolvió que en vez de quemar a Jerónimo se le obligaría, si posible fuese, a retractarse. El ánimo de Jerónimo decayó y consintió en someterse al concilio. Se comprometió a adherirse a la fe católica y aceptó el auto de la asamblea que condenaba las doctrinas de Wycliffe y de Hus.
Por medio de semejante expediente Jerónimo trató de acallar la voz de su conciencia y librarse de la condena; pero, vuelto al calabozo, a solas consigo mismo percibió la magnitud de su acto. Comparó el valor y la fidelidad de Hus con su propia retractación.
Pronto fue llevado otra vez ante el concilio, pues sus declaraciones no habían dejado satisfechos a los jueces. Desvirtuó su anterior retractación y, a punto de morir, exigió que se le diera oportunidad para defenderse. Temiendo los prelados el efecto de sus palabras, insistieron en que se limitara a afirmar o negar lo bien fundado de los cargos que se le hacían. Jerónimo protestó contra tamaña crueldad e injusticia. Al censurarse a sí mismo por haber negado la verdad, dijo Jerónimo: "De todos los pecados que he cometido desde mi juventud, ninguno pesa tanto sobre mí ni me causa tan acerbos remordimientos como el que cometí en este funesto lugar, cuando aprobé la inicua sentencia pronunciada contra Wycliffe y contra el santo mártir, Juan Hus, maestro y amigo mío.."
Le condujeron en seguida al mismo lugar donde Hus había dado su vida. Fue al suplicio cantando, iluminado el rostro de gozo y paz. Las últimas palabras que pronunció cuando las llamas le envolvían fueron una oración. Dijo: "Señor, Padre todopoderoso, ten piedad de mí y perdóname mis pecados, porque tú sabes que siempre he amado tu verdad."
Que tengan buen miércoles, amigos de El Dezmorning.
