sábado, 25 de agosto de 2018

Ateísmo católico


Buen día churpios. El tema de hoy trata sobre un término creado para identificar a un sector de la sociedad. El "ateísmo católico" incluye a todas aquellas personas que no creen en la existencia de un ser superior pero viven inmersos en una sociedad que mayoritariamente participa en la fe católica y debido a la influencia de tal cosa en sus vidas, son cultural, social, e históricamente católicos.

Es importante reconocer que la religión católica no se limita a los sacramentos, a la fe en Dios, a creer y aceptar a Jesús en tu corazón. El catolicismo es un cúmulo de valores que incluyen al arte, la política, la historia, las tradiciones, la gastronomía y hasta a la ciencia misma.

Según el filósofo español Gustavo Bueno, el concepto del ateísmo católico se entiende de manera opuesta:

"la gente dice que no cree en la Iglesia pero que sí cree en Dios. Cuando en realidad es al revés. Creer en Dios es algo metafísico, la Iglesia es algo histórico. Hay que estar en la realidad y saber lo que ha significado la Iglesia en la historia"

La iglesia católica es una institución forjada y administrada por seres humanos, y al igual que sus creadores, tiene virtudes y defectos. Ha estado presente en la sociedad mexicana desde siempre, ya que llegó desde Europa en los mismos barcos que trajeron la lengua española, el trigo, el centeno, la cebada y el lúpulo, las bestias de carga, la primer imprenta, la medicina moderna, el método científico, el derecho romano, así como también la viruela, entre otras cosas buenas y malas, dependiendo de cómo se les quiera ver. Por lo tanto, ha influido enormemente al proceso de darle forma a lo que hoy es el país donde vivimos y es obvio que a pesar de los múltiples defectos que tiene, está tan firme ahora como lo estaba hace 200 y algo más de años, durante el nacimiento de esta polifacética nación.

Incluso para un ateo es necesario cumplir con ciertas partes de los rituales católicos con el fin de mostrarle a nuestros seres queridos lo mucho que los amamos y deseamos acompañarlos. Asistir a una boda, a un bautizo, a un funeral, a una misa de graduación de doctorado en derecho penal... Y aunque no se considere ni remotamente la posibilidad de recibir el cuerpo y sangre de Cristo durante la eucaristía, sería grosero dejar a las personas a tu alrededor con la mano estirada cuando ofrecen "la paz".

Festejamos la navidad reunidos con la familia, adornamos árboles de plástico con esferas de colores y compramos regalos, nos vamos a la playa o al campo durante los días santos, somos los primeros en llegar a las borracheras que inician desde la víspera y terminan hasta el amanecer del día de san Judas (el que entre todos los santos parece ser el más milagroso) comemos los tamales, menudo bien picoso, bebemos cerveza fría, entre otras tradiciones a las que no solo sabemos que sería inútil oponerse, sino que no lo hacemos por que las disfrutamos igual o más que un católico ferviente.

Por todo esto y más, concluimos que la iglesia es como ese pariente incómodo que hace muchísimas cosas que te molestan y te avergüenzan, al cual reprendes con el merecido reproche, pero que al mismo tiempo y quien sabe por qué carajos, no puedes dejar de reconocerle ese ínfimo lado positivo que tiene escondido en alguna parte y que a veces brota justo cuando menos te lo esperas para hacer que lo disculpes y le des siempre otra oportunidad, al tiempo que piensas: Eres parte de mi vida aunque yo no te haya elegido. Y le dices: ¿Sabes qué? tú y yo estamos bien, pero mejor de lejos, cada quien metido en sus propios asuntos. Solo eres importante para mi, por que eres importante para las personas que amo. Tienes que serlo.


La misa ha concluido, ya se pueden ir mucho alav.



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