Cuando James
Leininger tenía dos años, edad en que según relataron sus padres, Andrea y
Bruce, comenzó a sufrir de recurrentes pesadillas. Andrea Leininger relató que
“yo lo despertaba mientras gritaba. Cuando le preguntaba qué era lo que estaba
soñando, me respondía que “un avión en llamas se había estrellado”, y que “un
pequeño hombre no podía salir”. Mi madre fue la primera en sugerirme que James
estaba recordando tal vez una vida anterior. Al principio dudé bastante, pero
con el paso del tiempo empecé a cuestionármelo seriamente. En una ocasión le
compré a James un avión de juguete, y le enseñé lo que parecía ser una bomba en
su parte inferior. James de inmediato me corrigió y me dijo que eso no era una
bomba, sino que un depósito de caída. Yo nunca había oído hablar de un depósito
de caída, no tenía idea qué cosa era. Así que le pregunté en qué tipo de avión
volaba en sus sueños, y él me dijo que era un avión “Corsair”, nombre que
también me resultó extraño. Por lo demás, a los tres años de edad James comenzó
a dibujar, con detalle preciso, el mar y batallas aéreas con los detalles
correspondientes a las aeronaves utilizados durante la Segunda Guerra Mundial y
a los cuatro años construyó su propia cabina de avión”.
Cuando las recurrentes pesadillas de James empeoraron, la
abuela del niño sugirió que consultaran el trabajo de Carol Bowman, una
terapeuta que afirmaba que los muertos, a veces, podían renacer en otro cuerpo.
Con la guía de Bowman (quien afirmaba que “los niños no han tenido el
condicionamiento cultural y la estratificación sobre la experiencia en esta
vida, por lo que sus recuerdos pueden filtrarse con mayor facilidad. Para
ellos, especialmente cuando tienen muy corta edad, las vidas anteriores son más
fáciles de recordar”), Andrea y su marido comenzaron a alentar a James a que
compartiera sus recuerdos. La terapia hizo efecto de inmediato, pues las
pesadillas no sólo comenzaron a volverse menos frecuentes, sino que también el
niño comenzó a revelar detalles extraordinarios sobre su anterior vida como un
ex-piloto de combate.
Lo primero que
dijo James fue que su avión era un “Corsair” y que había sido alcanzado por los
japoneses y que se estrelló. Además, reveló que el nombre del barco del que
despegó era “Natoma” y que uno de sus compañeros se llamaba “Jack Larson”.
Después de algunas investigaciones, Bruce Leininger quedó estupefacto.
Descubrió que los nombres que había pronunciado su hijo eran totalmente reales,
pues el “Natoma Bay” había sido un pequeño portaaviones que combatió en el Océano
Pacífico en la Segunda Guerra Mundial y Jack Larson era el nombre de un ex
piloto de combate que había servido en esa embarcación y que aún vivía en
Arkansas.
Decidido a
llegar hasta el final del caso, Bruce Leininger visitó a Larson en Arkansas, en
septiembre de 2002, y le preguntó acerca del fallecido piloto James Huston.
Larson le respondió que Huston había sido miembro de su escuadrón de combate
VC-81 y que no podía recordar lo que había pasado exactamente con él, pero
estaba seguro de que su avión había sido alcanzado por el fuego anti-aéreo
japonés el 3 de marzo de 1945, cuando Huston no regresó de su misión y fue
declarado desaparecido en combate.
Para terminar de
completar el rompecabezas, Bruce Leininger también localizó en febrero del 2003
a Anne Houston Barron, hermana del fallecido James Huston, quien vivía en la
localidad de Los Gatos, California. La señora Huston, luego de varias
conversaciones telefónicas, le envió a la familia Leininger varias fotos de su
hermano durante el servicio militar. En una de ellas el joven James Huston
aparecía de pie delante de un avión de combate “Corsair”, el mismo tipo de
avión de combate que el pequeño James Leininger había mencionado.
Sólo en ese
momento Bruce Leininger se decidió a revelarle a la hermana del piloto
fallecido la increíble historia de su hijo y la teoría de que el espíritu de
James Huston quizás podía formar parte de su hijo James. La señora Anne Huston
Barron, más tarde, le envió a la familia Leininger una carta junto con varios
de los efectos personales del fallecido James Huston. La misiva, por cierto,
decía en su parte medular que la mujer creía en la historia del niño. “Este
niño no podía saber tantas cosas relativas a Jimmy – simplemente no podría –,
por lo que creo que de alguna manera este pequeño niño es parte de mi hermano”
–escribió la señora Huston Barron- “Todo sucedió hace muchos años y desconozco
cómo opera este fenómeno, pero debe haber alguna razón para que haya sucedido
así”.
Convencido
definitivamente que su pequeño hijo había dicho toda la verdad sobre su
supuesta vida pasada como piloto de combate, Bruce Leininger comenzó a prestar
más atención sobre los juegos infantiles de éste por si salían a la luz nuevos
antecedentes. En una oportunidad se percató que James tenía tres muñecos GI Joe
a los que llamaba “Leon”, “Walter” y “Billie”, y tras investigar en los
registros de la Flota del Pacífico de EE.UU., descubrió que los nombres no
habían salido de la imaginación del niño y, menos aún, habían sido puestos al
azar. El teniente Leon Stevens Conner, el alférez Walter John Devlin y el
recluta Billie Rufus habían sido miembros del escuadrón VC-81 de aire –y, por
ende, habían sido compañeros de James Huston- y se encontraban entre las 21
víctimas mortales del portaaviones Natoma Bay. Cuando Bruce Leininger le
preguntó a su hijo por qué llamaba a sus muñecos de esa manera, James le
respondió: “Porque ellos me saludaron cuando fui al cielo”.
Cortesía Rob
