"... Erase una vez un leñador muy apuesto que quería casarse con una hermosa muchacha. Para acceder a su petición, la joven le dijo que primero debía demostrar que era capaz de ganar suficiente dinero y sostener un hogar dignamente. Para lograr esto, el leñador tomó su hacha y partió hacia el bosque a talar árboles sin descanso alguno y poder ser así, digno de su amada.
Desafortunadamente, la joven vivía con una anciana a la cual servía y que no deseaba perderla, así que la cruel anciana acudió a la malvada bruja del este, quien a cambio de una vaca y dos ovejas se comprometió a evitar el matrimonio utilizando su poderosa magia.
La bruja del este hechizó el hacha del leñador, la cual se volvió resbaladiza, por lo que de cuando en cuando al leñador se le soltaba de las manos, el hacha rebotaba en los troncos y le cortaba alguna parte de su cuerpo, las cuales el hombre fue sustituyendo con partes hechas de hojalata, una a una. Primero la mano, luego una pierna, después un pedazo del pecho, una oreja, la espalda, hasta que no hubo nada más por sustituir.
El leñador quedó convertido en un hombre de metal que siguió talando árboles hasta que la lluvia oxidó sus articulaciones y quedó paralizado. Jamás volvió a saber nada de aquella joven que tanto amaba. Carecía de corazón y por tal motivo no se acordaba de lo que en algún momento llegó a sentir por ella. Finalmente estaba solo y completamente vacío.
Mente, corazón, instinto.
En El Maravilloso Mago de Oz, la mente, el corazón y el instinto están representados por el Espantapájaros, el Hombre de Hojalata y el León, respectivamente. ¿Qué ocurre cuando una de estas capacidades no está correctamente aplicada, se ha dejado de lado, o simplemente se han usado más las otras dos? Empecemos definiendo al Hombre de Hojalata como una imagen que representa al arquetipo del cuerpo emocional del ser humano, en proceso de evolución. El cuerpo emocional son todas aquellas capacidades que tenemos para sentir, amar, odiar, valorar, despreciar, anhelar, gozar, sufrir, etc. A diferencia del cuerpo mental, más frío y de naturaleza dual, el cuerpo emocional se implica, se mezcla y se "quema" junto a aquello que le es afín.
El el caso de el Hombre de Hojalata, nos encontramos con una capacidad emotiva paralizada, rigidez en cuanto a la aceptación de sentimientos e ideas propias y ajenas, frustraciones, incapacidad para vibrar y sentir, emocionarse y querer, tener empatía y ser asertivo, pues el Hombre de Hojalata lleva un año estático, oxidado, quieto en la misma posición, hasta que Dorita y el Espantapájaros lo encuentran y lo aceitan; y por ello decide recuperar su corazón. En su afán por entregarse incondicionalmente, el leñador descuidó sus emociones. Descuidó hacerse valorar por sus virtudes, eligió trabajar sin descanso y únicamente ser valorado por sus logros. Metafóricamente, ese descuido por los sentimientos y por valorarse a sí mismo le llevaron a convertirse en alguien rígido, oxidado y sin capacidad para sentir.
En nuestro entorno a menudo encontramos personas de este tipo, excesivamente dadas a los logros y poco abiertas a lo sentimental, a las emociones, a la contemplación y a la vida en el momento. En todos nosotros existe, a menudo, esa tendencia. La frialdad del metal es otra alegoría, usando la hojalata como imagen arquetípica de algo con poca flexibilidad, de baja temperatura, de baja vibración, poco adaptable, aunque eso sí, muy resistente. Observemos que alguien que se cierra emocionalmente responde ante estos adjetivos: poco flexible, frío, poco adaptable, y resistente a lo que le sucede, casi inmutable. Poco empático y demasiado duro, aunque él o ella crea estar siendo asertivo.
Cuando hablamos de alguien rígido nos referimos, sin saberlo, a un "hombre de hojalata". Puede estar causado por un desengaño amoroso, por una "castración" emocional en la infancia, por algún problema de autoestima… sea cuál sea el motivo, son personas que se centran en talar árboles como medida desesperada. Quizá los logros y méritos tapen su miedo a volver a amar o a expresarse desde el corazón.
Al final, recuperar la capacidad emocional significa ese tránsito o viaje hacia dentro de nosotros mismos, como el que hacen los cuatro personajes del libro. Nuestro leñador metálico hace un ejercicio de voluntad y valentía queriendo recuperar su capacidad para emocionarse y sentir.
Que tengan buen jueves, montón de insensibles, crueles, tóxicos, morbosos y poco amorosos amigos del Dezmorning, hombres y mujeres de fría, hueca y afilada hojalata. Naaah no se crean, es broma.
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