El origen del Día de los Difuntos data del año 998, cuando fue instituido por el monje benedictino San Odilón. Este monje sugirió la idea de crear un día en el que se honrase a los muertos.
En la era medieval, la mayoría de las comunidades cristianas celebraban una fiesta anual para honrar a los santos de la Iglesia, mártires que habían muerto y se habían ido al cielo. Esa celebración fue conocida como el Día de todos los Santos y la Iglesia católica lo convirtió en un día santo de obligación.
Entonces, San Odilón de Cluny impulsó la idea de instituir también un día para orar por las almas de los miembros de la familia fallecidos, hombres y mujeres comunes y corrientes que habían llevado buenas vidas y esperaban en el purgatorio hasta que fueran dignos de entrar en el cielo.
Su idea fue bien aceptada por otras congregaciones siendo la primera de ellas la Diócesis de Lieja en el año 1000, hasta ser aceptada como fecha en la que la Iglesia lo celebra.
La celebración anual se convirtió en el último y tercer día de Allhallowtide, justo después de la víspera de Todos los Santos y el Día de Todos los Santos, que hoy día se celebra el 1ro de noviembre.
La celebración fue adoptada por Roma en el siglo XVI y a partir de entonces comenzó a rememorarse entre los católicos de todo el mundo.
Ese día, miles de personas visitan los cementerios, ofrecen rezos y asisten a la misa para honrar la memoria de los fallecidos. El sentido cristiano de ese día es la esperanza a la Resurrección.
Por Naturella, la soñadora
