Hace millones de años, la región de Cuatro Ciénegas, así como extensos territorios de lo que hoy es el norte de México, estuvo bajo el Mar de Tetis, un mar prehistórico que nació al interior del continente de Pangea y luego dividía los continentes de Laurasia y Gondwana. Con el paso de los milenios, el mar se retiró y quedaron algunas lagunas cubriendo el terreno. Eventualmente, las lagunas se secaron y detrás quedó este maravilloso desierto blanco de alrededor de 800 hectáreas de extensión. Además de las dunas, en este parque encontrarás impresionantes montículos de yeso que añaden encanto al paisaje. Este deslumbrante desierto de cristal blanco es un rincón único en México, una joya que compite con solo tres parajes similares en todo el planeta, localizados en Nuevo México, Texas y Túnez. Las dunas, testigos mudos de la evolución geológica, narran la historia de un Mar de Tetis que una vez abrazó estas tierras y que, al retirarse, dejó tras de sí lagunas efímeras cuyas aguas se evaporaron, revelando un tesoro de yeso que se convirtió en las imponentes dunas que conocemos hoy.
La composición de estas dunas es un fenómeno de la naturaleza en sí misma. El yeso, depositado durante millones de años, se presenta en forma de suave arena compuesta por sulfato de calcio, otorgándole su característico brillo. El toque especial lo aporta el silicio, un compañero químico que añade una textura tersa a este impresionante paisaje blanco.
Adentrarse en este escenario único es como caminar sobre la historia misma. Entre hondonadas y senderos, los visitantes tienen la oportunidad de descubrir pequeñas maravillas de la vida silvestre, desde conejos y lagartijas hasta especies endémicas que han hecho de Cuatro Ciénegas su hogar.
Más de 70 especies endémicas, como la fascinante tortuga bisagra, se albergan en este oasis natural, junto con correcaminos, ratones canguros y escorpiones que añaden un toque de misterio al ambiente.
En el corazón de las Dunas de Yeso se encuentra una de las creaciones más notables de la naturaleza: "El Castillo", este montículo de más de 12 metros de altura, con formas caprichosas que evocan la arquitectura de una fortaleza, se constituye como un ícono visual. Aunque ahora está protegido por cercas para preservar su esplendor, se convierte en un escenario perfecto para capturar la magia de las dunas en fotografías inolvidables.
Desde 1994, las Dunas de Yeso y su entorno han sido designados como Área de Protección de Flora y Fauna Cuatro Ciénegas, subrayando la importancia de preservar este tesoro natural.
