Sorprende con su brillante diseño, el Cubo de Rubik -que trasciende idiomas, edades y orígenes y que no requiere instrucciones- se haya convertido en un icónico éxito de ventas. Además de ser portátil y que puede resolverse de innumerables maneras.
Ernő Rubik no se dio cuenta de lo que tenía entre manos cuando inventó su ingenioso y desconcertante rompecabezas de colores.
Ni siquiera pensó si el cubo, que acabaría haciendo famoso su nombre en todo el mundo, tendría éxito.
En un principio, Rubik no había pensado en un cubo como juguete sino como herramienta didáctica para sus alumnos. En 1974, cuando era profesor de arquitectura en la Escuela Superior de Artes Aplicadas de Budapest, pensó que la mejor manera de enseñarles a sus alumnos era con la práctica. Por eso quiso crear algo con lo que los estudiantes pudieran jugar y que les hiciera pensar de manera creativa sobre las formas geométricas y las relaciones espaciales. El objetivo de Rubik era hacer algo táctil y móvil, que fuera lo bastante sencillo para que sus alumnos lo entendieran, pero que tuviera algún tipo de dificultad a la hora de resolverlo. Lo más importante era que los desafiara a ser perseverantes cuando se enfrentaran a un rompecabezas complejo y frustrante.
"En primer lugar hay que tener paciencia. Es muy útil para resolver un problema. Luego se necesita memoria espacial, memoria tridimensional", dijo en el programa de entrevistas de Wogan.
"Memorizar en qué congregación estás y dónde están las piezas y demás... Si cerramos los ojos, lo sabemos, lo recordamos, y no solo por una imagen, sino por el significado de la imagen".
Su prototipo era un cubo de madera de seis caras compuesto por cubos más pequeños. Al principio intentó hacer agujeros en los cubos para unirlos con gomas elásticas, pero se deshacían a cada rato. Así que diseñó un mecanismo oculto que mantenía el cubo en su sitio y permitía que los cubos más pequeños giraran y se movieran. Además, añadió un color sólido a cada lado del cubo para hacer visible el movimiento. Luego lo giró, mezclando los colores, e intentó devolver el cubo a su estado original, en el que cada cara mostraba un único color. La primera vez tardó casi un mes en conseguirlo. Así se convirtió en la primera persona en resolver el cubo de Rubik.
Se estima que sólo el 1% de las personas pueden resolver el rompecabezas sin ayuda.
Rubik le dijo a Wogan que ya no era tan rápido como antes. "No soy muy rápido, si estoy en los entrenamientos puedo hacer un minuto o algo así, pero ahora mismo no estoy practicando, años antes era mucho más rápido. No estoy en condiciones". Ahí reside el atractivo de su cubo. Es engañosamente sencillo, increíblemente adictivo, pero también enloquecedoramente frustrante de hacer.
Rubik probó su prototipo con sus alumnos, permitiéndoles elaborar sus propias soluciones, y les encantó. En enero de 1975 decidió solicitar la patente húngara de su "Cubo mágico".
Debido a las restricciones de fabricación en la economía planificada de la Hungría comunista de la época, durante los primeros años, los principales entusiastas del puzzle fueron diseñadores, arquitectos y matemáticos del país.
Fue recién en 1979, cuando debutó en la Feria del Juguete de Núremberg (Alemania) y fue adquirido por la Ideal Toy Corporation cuando realmente despegó.
En 1980, el rebautizado "Cubo de Rubik" empezó a venderse a nivel mundial y arrasó en el mercado del juguete, conquistando a gente de todas las edades.
El famoso rompecabezas ya no es la locura mundial que fue, pero su atractivo se mantiene y su impacto en la cultura popular perduran.
