En el corazón del Vaticano, donde la liturgia y la historia se entrelazan, también se cultiva una tradición vinícola que escapa del consumo común y se convierte en un símbolo de espiritualidad y diplomacia. El vino que se bebe en la Santa Sede no solo acompaña los rituales sagrados: es un emblema de siglos de herencia, selección minuciosa y vínculos internacionales que perduran desde la Edad Media hasta los días del Papa Francisco.
Características principales:
- Variedades de uva: Tempranillo, Graciano y Mazuelo, tradicionales de la D.O.Ca. Rioja.
- Producción anual: Cerca de 2,000 botellas.
- Etiqueta personalizada: Cada una lleva impreso el escudo del Vaticano, el nombre del Papa en funciones y la frase “Misericordias Domini in aeternum cantabo” (“Cantaré eternamente las misericordias del Señor”).
Este vino es utilizado en recepciones diplomáticas, celebraciones oficiales y ocasiones especiales dentro del Vaticano, reflejando no solo la calidad vinícola, sino también la relación espiritual y cultural que el catolicismo ha mantenido con el vino a lo largo de los siglos.
La historia también se vierte en otra copa: la del Châteauneuf-du-Pape, un vino originario del sureste de Francia que debe su nombre a los Papados de Aviñón en el siglo XIV, cuando los pontífices se trasladaron a esa ciudad francesa. La región, cuyo nombre significa “Castillo nuevo del Papa”, desarrolló una identidad vinícola bajo el auspicio directo de la Iglesia.
Datos clave de este vino histórico:
- Uvas permitidas: Hasta 13 variedades, como Grenache, Syrah, Mourvèdre y Cinsault.
- Producción: Más de 12 millones de botellas al año.
- Perfil sensorial: Vinos potentes, con cuerpo, ricos en taninos, y matices de frutas rojas, especias y hierbas provenzales.
Aunque no se produce en el Vaticano, el Châteauneuf-du-Pape es una constante en el imaginario papal y se mantiene como uno de los símbolos más fuertes de la relación entre la Iglesia y el vino francés.
El vino utilizado para la celebración de la Eucaristía debe cumplir estrictas reglas establecidas desde el Concilio de Florencia (1438):
- Elaborado únicamente con uvas maduras,
- Sin aditivos, conservadores ni azúcares añadidos,
- Con un contenido alcohólico máximo del 18%.
Estas exigencias garantizan que el vino sea “puro de uva”, en apego a la doctrina católica, lo cual lo convierte no solo en una bebida sagrada, sino en un producto bajo una regulación teológica y no meramente enológica.
El vino en el Vaticano no se elige por moda ni por capricho del paladar. Cada etiqueta, cada cepa y cada botella representa una continuidad histórica y simbólica. Ya sea el riojano Heras Cordón que acompaña los banquetes oficiales, el robusto Châteauneuf-du-Pape que evoca la gloria de Aviñón, o el vino propio cultivado en Castel Gandolfo, todas estas botellas cuentan una misma historia: la del vino como instrumento de fe, cultura y diplomacia.
Diego López (5 de mayo de 2025). El vino del Papa: tradición vinícola como instrumento de fe. El Economista. México. Recuperado el 6 de amyo de 2025 de: https://www.eleconomista.com.mx/bistronomie/vino-papa-tradicion-vinicola-instrumento-fe-20250505-757587.html



