jueves, 21 de marzo de 2019

Benito, de carne y hueso.



Buen día churpios irreductibles! Una de las características de una nación relativamente joven es la inmadurez de sus instituciones, de sus líderes, de sus políticos. Lo cual, trasladado a la historia genera distorsiones que con el tiempo van desapareciendo. Tal es el caso de nuestro país, donde la historia es casi una telenovela con héroes inmaculados y villanos maaaaaalos como Johnnie Walker etiqueta roja. Afortunadamente parece que al menos en cuanto a la historia hemos empezado a madurar poco a poco, y a ver a estas personas como seres humanos, enfrentados en muchos casos, por que querían cosas distintas para el país.

Pues bien, el tema de hoy es con respecto a Benito Juárez, personaje de peso en nuestra historia. Sin la intención de faltarle al respeto, queremos utilizar este pequeño post para desmitificar su vida, al menos en este micromundo virtual en 3 puntos que vienen a continuación.

1.- Juárez el nacionalista: Juárez no era un nacionalista, era un fanático liberal comprometido y capaz de cualquier cosa por imponer sus intereses personales e ideológicos, lo que lo llevó a poner en serio peligro la soberanía de México. Para muestra está el poco conocido y muy aterrador tratado McLane-Ocampo, con el que Juárez cedía todos los derechos a Estados Unidos para el libre tránsito comercial, militar y civil por territorio mexicano a perpetuidad y le otorgaba un derecho de exclusividad sobre el Istmo de Tehuantepec, a cambio de ser reconocido por el gobierno de aquel de país como presidente constitucional de México y así salir triunfante en la Guerra de Reforma. Además quería dinero para perseguir a Maximiliano. En pocas palabras, Don Benito Juárez fue tan “vende patrias” como Santa Anna, solo que el tratado McLane-Ocampo no fue aceptado por el congreso de Estados Unidos y los historiadores mexicanos, ni tardos ni perezosos, han intentado justificar este hecho asegurando que solo se trató de una estrategia política y que Juárez desde el principio sabía que no lo iban a aceptar, solo les faltó asegurar que Juárez era vidente y que tenía poderes sobrenaturales. También se sabe de la posible existencia de un segundo tratado llevado de forma secreta que tampoco se logró y que involucraba la venta de Baja California a E.U. pero no ha sido demostrado.

 2. Juárez, el símbolo de la democracia mexicana: Juárez era un demócrata de palabra pero no de acciones. Para él la democracia no era más que un lindo ideal que difícilmente iba ser alcanzado en México. Se mantuvo en el poder catorce años gracias al sistema de reelección en contra de la voluntad de su propio partido, por lo que fue participe de tres elecciones en las que siempre fue acusado por adversarios y partidarios de fraude electoral. De hecho, los famosos “votos fantasma” en México se los debemos a Juárez, y es que cada vez que él iba a elecciones, hasta lo muertos decidían regresar del más allá para emitir su voto, y fue durante la cerrada contienda de 1871 frente a Porfírio Díaz, cuando las sospechas sobre esta práctica se intensificaron, a pesar de eso, el congreso designó a Juárez como presidente.

3. Juárez el indigenista:  Juárez era indígena, pero eso no lo hace ni lo hizo un defensor de los derechos de los indígenas. Si bien se declaró en favor de la educación para ellos, durante su gobierno jamás presentó proyectos de ley o causas en pro del desarrollo, protección o inclusión de los pueblos indígenas. Juárez compartía con Porfirio Díaz -quien a menudo olvidamos que también era indígena- ideales sobre desarrollo y modernización, lo que lo llevó a despojar a muchos “indios” (como se les llamaba en aquel entonces y como él también se refería a ellos) de sus tierras en su afán de industrialización.