lunes, 13 de noviembre de 2023

¿Quién se robó los Kit Kat? Un envío de chocolates valorado en 250.000 dólares se extravió en EE. UU.

El largo y extraño rastro delictivo de un cargamento de golosinas, muy cotizadas, que fue robado.

 

Los 55.000 Kit Kat de Danny Taing comenzaron su trayecto largo, sinuoso, y a ratos oscuro, en Japón.

Taing es el fundador de Bokksu, una empresa de Nueva York que vende bocadillos japoneses en cajas de suscripción y se proponía hacer buen dinero comercializando estos chocolates en Estados Unidos.

El embarque de Kit Kat, que incluía sabores tan solicitados como melón, matcha latte y daifuku mochi, había costado 110.000 dólares, pero Taing esperaba obtener unos 250.000 dólares de ingresos totales.

 

“Caben muchos Kit Kats en dos contenedores”, afirmó Taing.

Y son un negocio en auge. En Japón, los entusiastas claman por los sabores más raros y algunos solo se venden durante unas semanas o únicamente en una región concreta. En Estados Unidos, quienes se obsesionan con estos productos de colección, comparan reseñas en blogs japoneses sobre este tipo de golosinas y gastan mucho dinero en ediciones limitadas.

Estos Kit Kat en específico se convertirían en la clave de una frustrante saga de cuentas de correo electrónico ficticias, transportistas fantasma, fraudes en la cadena de suministro y un transportista intermediario bastante desconcertado. Las entrevistas y los correos electrónicos compartidos con The New York Times narran la historia de este ejemplo de “robo estratégico”, un sector del mundo delictivo en expansión que según el FBI representa cerca de 30.000 millones de dólares en pérdidas al año, siendo ciertos alimentos uno de los principales objetivos.


Los valiosos dulces llegaron a salvo a California y fueron transportados en camiones durante un trayecto de 40 kilómetros por el condado de Los Ángeles hasta un almacén temporal en South El Monte, a cargo de una empresa llamada Japan Crate Acquisition. Después de cruzar el océano Pacífico, solo tenían que recorrer el resto del camino hasta el almacén de Bokksu en Carlstadt, Nueva Jersey, y llegar a las manos de los ávidos fanáticos de estas golosinas.

Ahí es cuando entró en escena Shane Black.

Black, que dirige una empresa de corretaje de carga llamada Freight Rate Central en Sarasota, Florida, forma parte de un ejército invisible de profesionales de la industria del transporte que coordinan y organizan las flotas de camiones que recorren el país transportando desde pollos hasta teléfonos celulares. Por este trabajo, Bokksu le pagaría unos 13.000 dólares.

Black puso manos a la obra. Publicó el trabajo en un boletín de anuncios de camiones que es una especie de Craigslist para el transporte de mercancías. Un tal Tristan, de HCH Trucking, aceptó el trabajo (aunque utilizaba una cuenta de Gmail) y dijo que recogería el envío en breve.

El 9 de agosto, Tristan escribió en un correo electrónico: “Oye, el primero está con la mercancía y en marcha, mañana a primera hora recogeremos el segundo”.

“Nada fuera de lo normal”, relató Black en una entrevista.

Cuando pasaron los días y el cargamento no llegó a Nueva Jersey, Black comenzó a tener visiones de chocolates Kit Kat derretidos en el calor del verano.

“Por favor, dime que la carga está en buen estado y que ha estado refrigerada todo este tiempo”, le suplicó a Tristan en un correo electrónico.

Shane Black ha pasado los últimos meses tratando de averiguar qué pasó con los raros Kit Kat.Credit...Octavio Jones para The New York Times

Tristan le respondió que uno de los camiones se había averiado en Washington, Pensilvania, una pequeña ciudad localizada junto a la autopista interestatal 70, al suroeste de Pittsburgh. Tristan le aseguró que los Kit Kat estaban frescos e intactos, pero “si no se arregla hoy, tendremos que regresar al punto de partida y descargarlos allí”.

Eso hizo que Black se pusiera alerta. Si el camión estaba en buenas condiciones para recorrer los 3862 kilómetros de vuelta a California, ¿por qué no podía recorrer menos de 640 kilómetros hasta Bokksu, en Nueva Jersey? Así que Black llamó a HCH Trucking.

“Y, en ese momento, todo comenzó a venirse abajo”, narró.

Cuando llegó a la sede de HCH en Jersey City, Nueva Jersey, escuchó el caos de fondo, sonidos de pánico. El representante le dijo que la información de la empresa parecía estar en peligro. Nunca había oído hablar de ningún Tristan.

Si Black no estaba lidiando con HCH Trucking, ¿con quién estaba hablando? Y, lo más importante, ¿dónde estaban los Kit Kat que valían seis cifras?

Al parecer, en el momento justo, Tristan intervino. “Es hora de confesar”, admitió. “En realidad soy un estafador y el dueño de HCH no tiene nada que ver con esto”.

“Pero, ¿por qué?”, respondió Black. “¿Qué ganarías tú? ¿Puedo acceder a las cargas para llevarlas a N.J.? No somos una gran empresa. Solo soy yo… soy el dueño y todo lo demás”.

Tristan respondió: “Estamos tratando de hacer dinero, señor, le dije que somos estafadores, realmente siento no haber conocido su historia, y espero que el cargamento llegue a N.J.”.

Tristan incluyó las direcciones de dos almacenes, ambos en el este de Los Ángeles, donde había depositado las cargas. Lo extraño fue que Black nunca le pagó a Tristan; la tarifa de envío se pagaba en el momento de la entrega. Si se trataba de una estafa, hasta el momento no parecía muy rentable. En cualquier caso, Black no podía creer su suerte.

Adam Amengual para The New York Times

Black actuó de inmediato. Según Tristan, una carga estaba en Inland Empire Cold Storage en Jurupa Valley, California. La otra estaba cerca, en Anytime Crossdock en Ontario, California (Tristan no dijo más ni respondió a los repetidos correos electrónicos de The New York Times en busca de comentarios).

El personas de Anytime no solo estaba impaciente por sacar la carga de su almacén, sino también por cobrar casi dos semanas de almacenamiento. Resultó que los Kit Kat nunca habían salido de California. Simplemente los trasladaron casi 50 kilómetros al este y los refrigeraron, mientras se acumulaban los gastos de almacenamiento.

“Nos gustaría saber cuándo van a recoger sus cargas”, escribió Anytime, “ya que preveíamos que se trataba de una solicitud de almacenamiento por un plazo corto”.

El saldo pendiente del almacenamiento era de 3830 dólares. Black dijo que pagó 2000 dólares de su propio bolsillo para asegurar el retiro de la carga, con la promesa de pagar el resto más tarde. (Anytime no respondió a las múltiples peticiones de comentarios del Times).

Desanimado, pero decidido, Black volvió a empezar el proceso: publicó el trabajo en el boletín de transporte de carga. Esta vez lo llamó Manny de MVK Transport Inc..

Black explicó que Manny recogió los Kit Kat. Al menos creía que la mitad del cargamento iba a Nueva Jersey. Sin embargo, unos días después, las comunicaciones se volvieron irregulares.

“Hace días que te escribo”, escribió Black en un correo electrónico unos días después. “Te llamé ayer y colgaste y ahora tu teléfono dice que está fuera de servicio”.

A la mañana siguiente, volvió a escribir, ahora furioso: “¿Cómo vas a ganar dinero con esto? ¿Vas a vender Kit Kat en las esquinas?”.

Lo habían vuelto a engañar. Esta vez, los Kit Kat habían desaparecido de verdad en las autopistas del sur de California (no hubo respuesta a las solicitudes de comentarios enviadas a MVK).

Al menos Inland Cold Empire Storage todavía tenía la otra mitad de los Kit Kat, y Black, quien ahora estaba desesperado por recuperar lo que pudiera de las golosinas, seguía atento al caso.

“Nos robaron esta carga y se encuentra en su almacén”, le escribió a Inland el 21 de agosto. Inland contestó que su contrato era con un hombre llamado Harry Centa.

“No hay ningún ‘Harry’”, explicó Black, y agregó que Bokksu, que también aparecía como destinatario del correo electrónico, era el verdadero propietario. “‘Harry’ es un nombre falso”.

Sin embargo, Harry Centa no es un nombre falso. Harry Centa vive en Ohio y trabaja en la industria del transporte. Pero desconocía por completo todo el asunto de los Kit Kat. “Esto es un fraude absoluto y no soy yo”, dijo Centa en un correo electrónico enviado al Times. “Buena suerte y espero que encuentren los Kit Kat. LOL”.

Sin embargo, el veredicto de Inland fue definitivo: “Sin prueba de que usted sea el verdadero propietario y sin el pago del almacenamiento, no podemos liberar la carga”.

Black se puso en contacto con los departamentos del alguacil de los condados de Riverside y San Bernardino, pero le dijeron que por cuestiones de jurisdicción no podían intervenir y que no se había presentado ninguna denuncia.

También se dirigió al equipo de Bokksu. ¿Tenían algo que pudiera utilizar para demostrar su propiedad?

“No entiendo por qué nos eligieron a nosotros”, afirma Danny Taing. “Vieron lo que había en los contenedores y aun así decidieron robarlo. ¿Por qué?”. Credit...Kosuke Okahara para The New York Times

Pero, para ese entonces, Bokksu había despedido a Black, suspendió el pago de sus honorarios, presentó una denuncia ante la oficina del alguacil del condado de Los Ángeles a efectos del seguro y había decidido seguir adelante. Bokksu se había olvidado de los Kit Kat.

“No sé si me sentiría cómodo vendiéndole esto a los clientes”, afirma Taing, fundador de Bokksu. “¿Y si les pasa algo a los clientes que se los coman y nos demandan?”.

Mientras tanto, los Kit Kat siguen en Inland, según el director ejecutivo de la empresa, Kevin Sacalas.

“No tenemos ningún uso para este producto y lo entregaríamos encantados a cualquiera que demostrara ser el propietario y pagara las tasas de almacenamiento”, escribió Sacalas en un correo electrónico al Times.

Los Kit Kat de Bokksu son solo un ejemplo de una forma de fraude cibernético cada vez más común que algunos expertos llaman “recolecciones ficticias” o “robo estratégico”. En parte son prácticas de usurpación de identidad, pero también son extorsión. La carga, a veces denominada “carga rehén”, puede desaparecer si no se cumplen las exigencias de la extorsión.

“Cuanto más se va uno adentrando en sus complejidades, peor se pone”, comentó Keith Lewis, vicepresidente de operaciones de CargoNet, que forma parte del proveedor mundial de análisis de datos y tecnología Verisk. Según Lewis, el robo estratégico de mercancías ha aumentado un 700 por ciento este año.

“La cadena de suministro se mueve a la velocidad de la luz”, afirmó, y añadió: “los malos juegan al ajedrez y nosotros a las damas. Vamos dos o tres pasos por detrás de ellos”.

En cuanto a Bokksu, su reclamación de seguro ha sido denegada. Así que ahora la culpa es de la cadena de suministro.

Para Bokksu, el responsable es Black. En su opinión, fue víctima de una estafa evidente y las direcciones de Gmail deberían haber sido una señal de advertencia.

Black comentó que los camioneros no siempre usan dominios de empresas. En última instancia, culpa a Japan Crate Acquisition, que le entregó los Kit Kat a “Tristan”.

“Obviamente, no fue a un camión de HCH”, afirmó Black, y quien quiera que haya cargado el camión “debió sospechar”.

En lo que posiblemente sea el giro más extraño de la pista de los Kit Kat, Bokksu anunció en septiembre que había adquirido Japan Crate. Pero el Times descubrió que la adquisición se había completado en junio. Así que Bokksu, a través de una filial de su propiedad, había supervisado la carga de sus propios Kit Kat en los dos primeros camiones fraudulentos.

“Llevo más de dos décadas en esto y nunca me había pasado algo así, nada de esta magnitud”, dijo Black. “Es más que una locura, de verdad. Porque no hay respuestas”.

“Claro que me siento engañado”, agregó. “Solo que no sé por quién”.

 

Nota cortesía:


Fuente de información:

Amelia Nieremberg (11 de noviembtre de 2023). ¿Quién se robó los Kit Kat? Un envío de chocolates valorado en 250.000 dólares se extravió en EE. UU. The New York Times en Español. EE.UU. Recuperado el 13 de noviembre de 2023 de: https://www.nytimes.com/es/2023/11/11/espanol/kit-kat-robo.html

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