Ritz contra Savoy: la histórica carrera entre los dos hoteles más míticos de Londres
El Londres victoriano vio aparecer en sus áreas
señoriales dos hoteles de gran lujo que todavía compiten hoy por la
clientela más selecta
Leyenda en la entrada del hotel Ritz de Londres
iStock/Getty Images
Londres era la capital del mundo durante el apogeo victoriano
del Imperio británico. Sin embargo, en la franja del gran lujo carecía
de servicios tan refinados como los que podía ofrecer París, o tan
modernos como algunos de Nueva York. Uno de los empresarios más
creativos del ocio nocturno de entonces percibió este nicho insatisfecho
en la hostelería y la restauración y decidió salvar el honor de su
ciudad natal mientras se embolsaba unas cuantas libras.
Richard D’Oyly Carte tenía arrestos de sobra para ello. Era un inversor
tan arriesgado como perspicaz. Por algo venía revolucionando el
espectáculo musical desde 1875. En esa fecha había reunido con carácter
estable a los reyes de la opereta en inglés, la máquina de éxitos
formada por W. S. Gilbert y Arthur Sullivan. Precursores de lo que se
convertiría, años más tarde, con el jazz y otras influencias, en los
musicales del West End y Broadway, Gilbert y Sullivan eran oro sonoro.
De ahí que D’Oyly Carte se lanzase a escenificar sus alocadas
producciones de piratas, japoneses, gondoleros y un mundo de canciones
en un espacio hecho a la medida de esas alegres extravagancias.
Para
ello, compró un solar situado en pleno Strand, la céntrica avenida que
corría paralela a la orilla norte, la buena, del Támesis. Hacía solo un
par de décadas que el ingeniero Joseph Bazalgette había ganado terreno
al río transformando esa margen, antes cenagosa, en un aristocrático
paseo con árboles, plataformas de granito y farolas de forja. Allí, en
el Embankment, justo donde el Támesis trazaba un recodo con unas vistas
estupendas, habían tenido su residencia los condes de Richmond desde el
siglo XIII. Eran la rama británica de la casa de Saboya.
El
palacio original fue sucedido en el Renacimiento por un hospital de
caridad que, cerrado en la Ilustración, acabó tragado por un incendio.
Esta fue la parcela donde D’Oyly Carte levantó en 1881 el teatro Savoy,
Saboya en inglés.
El lujoso restaurante del hotel Savoy en torno al año 1900.
Dominio público
Escenificar el lujo
Fue
todo un hito. Supuso la primera sala escénica completamente
electrificada del Reino Unido. Las catorce operetas de Gilbert y
Sullivan, compuestas de 1871 a 1896, brillaron allí en su máximo
esplendor. Sin embargo, D’Oyly Carte soñaba aún más a lo grande.
Construyó un magnífico hotel de lujo contiguo a la meca del musical
victoriano. Era un establecimiento inspirado en los colosos tecnificados
donde el empresario y su compañía habían pernoctado durante sus giras
por los opulentos EE. UU. de la edad dorada.
Inaugurado
en 1889, el hotel Savoy fue el negocio de su clase más fastuoso y
vanguardista que se hubiese visto en Londres. Su creador desplegó en él
todo lo aprendido en el arte escénico. Su interiorismo fue realizado, de
hecho, por los mismos profesionales que habían decorado el teatro. Como
en él, en el hotel no se escatimaron molduras ni dorados. Tampoco
empapelado floral en las habitaciones, al gusto victoriano. El exterior
del edificio no resultaba menos efectista. Parecía una postal de los
elegantes balnearios de moda en Normandía, la Costa Azul, la Riviera y
el Lido, pero con los balcones asomados en fila al Támesis.
Fachada del hotel Savoy de Londres.
Terceros
Este estilo iba a evolucionar desde 1901, cuando fallecieron tanto la reina Victoria
como D’Oyly Carte, mientras el príncipe Bertie, un habitual del Savoy,
dejaba atrás sus días de playboy para asumir el trono británico como
Eduardo VII.
Rupert,
a su vez el hijo y heredero del fundador del hotel, amplió el mismo
hacia el Strand con el arquitecto Thomas Edward Collcutt. También se
vería modificado el interior del establecimiento. Aunque este sumaría
diversas reformas hasta el presente –la más reciente de gran calado, una
de 260 millones de euros entre los años 2007 y 2010–, el sello
eduardiano prevalecería entre las líneas maestras del Savoy junto con el
posterior art déco.
Un imán de celebridades
Pero
este esmero en regalar los sentidos era uno solo de los aspectos que
hicieron del hotel un escaparate rutilante para la alta sociedad. Un
confort basado en tecnología punta complementaba esta faceta. Fue el
primer edificio público del mundo electrificado de arriba abajo.
Poseía,
además, seis ascensores hidráulicos, tan novedosos en la capital
victoriana que hubo que traer la maquinaria de EE. UU. Tubos parlantes
permitían pedir bebida y comida sin moverse de la habitación. Había agua
caliente no solo en baños privados, sino incluso día y noche.
Pese
a la fuerte inversión inicial, D’Oyly Carte comprobó en pocos meses que
el hotel daba pérdidas. Entonces volvió a jugarse el tipo en una
apuesta de riesgo que haría historia. En 1890 contrató a la pareja
estelar de la hostelería europea. Eran el gerente suizo César Ritz y el
chef francés Auguste Escoffier.
Cena de año nuevo en el Savoy en torno a 1910.
Dominio público
Aunque
estos no abandonaron sus negocios en el continente, se afincaron en el
Savoy como cuartel general. Su llegada a Londres supuso una revolución
para la crema de la naciente industria turística británica.
Porque,
respaldados por un empresario creativo como D’Oyly Carte, ambos
profesionales pudieron estrenar o perfeccionar estrategias antes solo
soñadas o esbozadas. Fue Ritz quien atrajo al Savoy al festivo príncipe
de Gales. La presencia de Bertie arrastró, a su vez, a la aristocracia
local y la realeza europea, a las que secundaron multimillonarios
norteamericanos y otras celebridades. Entre ellas, Sarah Bernhardt, precedida por su inseparable setter irlandés Tosco.
César Ritz y su esposa.
Terceros
La aclamada actriz de teatro y el resto de la exquisita cohorte no se
sentían convocados al Savoy únicamente por intervenciones del gerente
suizo, como una etiqueta palaciega, una higiene inmaculada en las
instalaciones, la eficiencia administrativa u orquestinas tocando música
de moda aquí y allá para disimular los silencios incómodos en las
conversaciones. Al igual que a otros huéspedes, a la Bernhardt, como
buena parisina, la seducían, además, las delicias salidas de los fogones
de Escoffier, un viejo amigo de la infancia, por otra parte.
La cocina de un escándalo
También
divas de la ópera eran asiduas comensales del chef galo, como la
soprano italiana Adelina Patti, nacida en Madrid, y la australiana
Nellie Melba. El gastrónomo creó para esta última manjares como el
melocotón y las tostadas Melba. Además, Escoffier introdujo en el Reino
Unido, desde la cocina del Savoy, la jerarquización del trabajo en
brigadas, que es un sistema aún vigente en los templos culinarios
europeos.
Auguste Escoffier
Dominio público
Esta
etapa fundacional de la mejor hostelería y restauración del Reino Unido
tuvo un final agrio. Ocurrió en 1897, en un período boyante para el
empresario, que, gracias a las ganancias del Savoy, había adquirido
otros hoteles. Ese año, D’Oyly Carte responsabilizó a Ritz y al maître
de Escoffier de la desaparición de vinos y licores selectos por un valor
hoy equivalente a medio millón de euros. Según el empresario, el chef,
además, habría estado siendo sobornado por proveedores para que
escogiera sus productos.
Ritz
y Escoffier respondieron a estas acusaciones con indignación. El
primero estuvo a punto de llevar a juicio a D’Oyly Carte por despido
improcedente, hasta que el cocinero lo disuadió. Nadie quería líos.
Algunos
aspectos de esta ruptura traumática fueron desvelados casi un siglo
después, a finales del XX. Solo entonces pudo confirmarse que Ritz,
Escoffier y sus subalternos inmediatos no renunciaron, como se sostuvo
durante décadas. El directorio del Savoy los conminó por escrito a
abandonar sus puestos al instante tras una auditoría.
Todas
las partes implicadas consintieron el relato de la renuncia voluntaria
para no enturbiar aún más un asunto con aristas todavía oscuras hoy, en
un negocio con una clientela espantadiza al menor escándalo.
Una revancha por todo lo alto
Con
todo, la historia tuvo un final feliz. Gracias al conocimiento y los
contactos acumulados durante sus años en el Savoy de Londres,
culminación de un impresionante currículum iniciado en los Alpes y la
Costa Azul, César Ritz fundó su propio emporio. Al año siguiente del incidente con D’Oyly Carte abrió el icónico Ritz de la place Vendôme. Fue a petición de clientes del Savoy que ansiaban un hotel parecido en París.
Meses
más tarde, ya en 1899, el gerente suizo saboreó una dulce venganza al
regresar por todo lo alto a la capital británica. Inauguró el Carlton,
con Escoffier en la cocina.
El Ritz de Londres, en el número 150 de la calle Piccadilly
AGE Fotostock
Este
retorno supo aún más a gloria un lustro después. Estrenado en 1905, el
Ritz de Piccadilly planteó al Savoy su competencia más directa hasta el
presente. La cadena de lujo aterrizaría en Madrid en 1910 y, ya
fallecido el fundador, en Barcelona en 1919.
Pero
la revancha principal tuvo lugar en el Londres eduardiano. Allí, el
Ritz hasta escamoteó viejos habituales del hotel del Támesis, como lady
de Grey o, cada tanto, los Churchill. Incluso miembros de la familia
real. Desde entonces, el poder británico cena, negocia, celebra o
pernocta en alguno de ambos hoteles en ocasiones especiales. A los
futuros Isabel II y Felipe de Edimburgo les tomaron su primera foto pública juntos en una fiesta del Savoy en 1946. Menos felizmente, Margaret Thatcher falleció en 2013 en una suite del Ritz.
Este texto forma parte de un artículo publicado en el número 668 de la revista Historia y Vida. ¿Tienes algo que aportar? Escríbenos a redaccionhyv@historiayvida.com.
Nota cortesía:
Fuente de información:
Julian Elliot (4 de marzo de 2024). Ritz contra Savoy: la histórica carrera entre los dos hoteles más míticos de Londres. La Vanguradia. España. Recuperado el 19 de julio de 2024 de: https://www.lavanguardia.com/historiayvida/historia-contemporanea/20240304/9531496/ritz-savoy-carrera-dos-hoteles-mas-miticos-londres.html#foto-2
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