Entre los experimentos llevados a cabo por Mengele se encontraban inyecciones de sustancias químicas peligrosas, cirugías sin anestesia, extracciones de órganos y esterilizaciones forzadas. También realizaba mediciones corporales y recopilaba muestras de sangre y tejidos de los prisioneros para sus investigaciones pseudo-científicas.
Mengele tenía una fascinación morbosa por los gemelos y utilizaba a muchos de ellos en sus experimentos. Les sometía a comparaciones físicas, inyecciones y extracciones de sangre, y llevaba a cabo cirugías inhumanas con el objetivo de alterar su apariencia o estudiar la genética de la herencia.
Además de sus experimentos, Mengele también participaba en el proceso de selección en la rampa de llegada del campo. Decidía quiénes eran considerados aptos para trabajar y quiénes debían ser enviados directamente a las cámaras de gas para ser asesinados.
La crueldad y falta de empatía de Mengele en Auschwitz son difíciles de describir. Su búsqueda obsesiva por la «pureza racial» y su desprecio absoluto por la vida humana lo convirtieron en uno de los perpetradores más infames del Holocausto.
En 1943, Mengele fue asignado al campo de concentración de Auschwitz, en Polonia, donde se convirtió en el médico principal del complejo. Fue en este siniestro lugar donde Mengele llevó a cabo sus experimentos médicos atroces en prisioneros indefensos. Utilizó a los prisioneros como sujetos de prueba para investigar la genética, las enfermedades hereditarias y los métodos de esterilización y «mejoramiento» racial.
Después de la liberación de Auschwitz en enero de 1945, Josef Mengele huyó de Europa y pasó varios años en la clandestinidad. Durante este período, utilizó diferentes identidades falsas y se escondió en varias ubicaciones en Alemania y otros países.
En 1949, Mengele logró escapar a Argentina con la ayuda de una red de colaboradores nazis conocida como la «ruta de las ratas». Se estableció en Buenos Aires y comenzó a vivir bajo el nombre de «José Mengele». En Argentina, se integró en la comunidad alemana y se mantuvo alejado de la atención pública.
Durante su tiempo en Argentina, Mengele trabajó como agricultor y emprendedor. Se casó y tuvo dos hijos. Sin embargo, a medida que se intensificaban los esfuerzos internacionales para capturar a criminales de guerra nazis, Mengele comenzó a temer por su seguridad.
En 1960, el fiscal alemán Fritz Bauer emitió una orden de arresto internacional contra Mengele. Sin embargo, las autoridades argentinas no llevaron a cabo una búsqueda seria ni cooperaron activamente con los esfuerzos para su captura. Esto permitió a Mengele vivir en relativa impunidad en Argentina durante casi tres décadas.
En 1979, cuando se estaba preparando para abandonar Argentina debido a la creciente presión internacional, Mengele sufrió un derrame cerebral y murió ahogado mientras nadaba en la costa de Bertioga, Brasil. Su muerte fue confirmada por medio de pruebas de ADN en 1985, poniendo fin a la búsqueda de uno de los criminales de guerra más buscados del mundo.
