El autor franco-libanés, después de recibir el Premio FIL en la
inauguración de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2025
envió un llamado a la vigilancia “ante los riesgos que supone la
aceleración tecnológica”
“Cuando
la sociedad pasa de la dictadura a la democracia, nunca se puede estar
completamente seguro de que no volveremos algún día a la dictadura”.
“Atravesamos una época desconcertante, incluso a veces aterradora, pero es también la más fascinante que la humanidad haya vivido desde los albores de la historia. Es por ello que quiero invitarlos hoy a estar como yo, al mismo tiempo inquietos y maravillados… sí, las dos emociones a la vez, por más contradictoria que parezcan”.
Esto dijo el escritor franco-libanés Amin Maalouf, quien este sábado recibió el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances 2025, uno de los reconocimientos de mayor prestigio de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara cuya edición 39 fue inaugurada la tarde de este sábado en la tradicional Expo Guadalajara, en la capital jalisciense.
Después de recibir sendo reconocimiento de manos de
la rectora de la Universidad de Guadalajara, Karla Planter Pérez, el
autor de obras como la novela “León al africano” (1986) y el ensayo “Las
cruzadas vistas por lo árabes” (1983), razonó:
“Lo que me asombra es que nuestra especie ha hecho realidad en las
últimas décadas sueños que acariciaba desde hace milenios sin imaginar
que algún día se volverían posibles. Si alguien me hubiera dicho cuando
era joven que podría tener al alcance de mis dedos, en cualquier
momento, todo el conocimiento del universo, que podría conversar, cara a
cara, con mis hijos y mis nietos al otro lado del planeta, que podría
participar en una conferencia en Milán, en México o en Madrid sin
siquiera salir de mi habitación y que todo eso estaría disponible en
cualquier momento para miles de millones de contemporáneos, habría
pensado que me describirían una utopía mágica en un futuro muy lejano,
no en algo que llegaría a cumplirse en mi propia vida”.
Asimismo,
dijo: “Mi observación del mundo me ha dado durante las últimas décadas
innumerables alegrías, pero no me sorprendería si les digo también que
me ha generado tristezas y decepciones. Estaba convencido de que la
justicia, la libertad, la paz, el conocimiento, la democracia, se
extenderían de manera inevitable por todo el planeta, que las naciones
establecerían entre ellas relaciones cada vez más amables, respetuosas,
cercanas e incluso íntimas. Pensaba que la voz de las grandes
organizaciones internacionales sería escuchada, respetada, tomada en
cuenta por las grandes naciones y también por las pequeñas.
“Por supuesto, creía también que la barbarie de la guerra, esa presencia
constante en la historia humana, acabaría volviéndose, poco a poco,
inconcebible. Jamás habría imaginado que la guerra regresaría con tanta
fuerza al centro de la actualidad, no sólo en mi región de origen
(Líbano), sino también en mi patria adoptiva (Francia); que la violencia
se haría aún más salvaje, más mortífera que en los tiempos de mi
nacimiento hace ya tres cuartos de siglo”.
“Vivimos una aceleración en la aceleración”
En otro orden de
ideas, Maalouf se expresó sobre el saltó categórico en el desarrollo
científico de los últimos años, sobre todo por el arribo de la inteligencia artificial.
“Hoy vivimos una aceleración en la aceleración, con transformaciones
profundas, que ya no ocurren cada cinco o diez años sino cada año o
incluso de un trimestre a otro. La capacidad de perfeccionamiento de
nuestras nuevas herramientas es asombrosa y parece no tener límites.
Está claro que nuestras mentalidades a partir de ahora son incapaces de
seguir ese ritmo. En muchos aspectos esta evolución es fascinante, y yo
soy de los que acepta los cambios, incluso los más desconcertantes, sin
prejuicios. Procuro mantener una mirada positiva, pero también debo
conservar la lucidez. Eso me obliga a reconocer, por ejemplo, que
estamos asistiendo a una nueva carrera armamentista, con instrumentos
cada vez más sofisticados”.
Por otro lado, el escritor
franco-libanés destacó los avances científicos en la biotecnología, “que
hoy nos ayudan a vivir más tiempo y con mejor salud, pero si se usan de
manera imprudente o mal intencionada, podrían poner en peligro la
integridad física y mental de la especie humana o incluso su
supervivencia”.
Riesgos de tal magnitud, expresó Maalouf, “exigen de nuestra parte
vigilancia, sentido de responsabilidad y una conciencia auténtica del
bien común. Exigen que la humanidad se eleve por encima de sus codicias,
de sus egoísmos, de sus prejuicios. En otras palabras, que alcance un
nivel moral a la altura de los desafíos que enfrenta. Por desgracia, eso
no es lo que vemos ahora. Nuestra evolución moral, no sólo avanza más
lentamente que la evolución científica y técnica, sino que hoy en día
atraviesa por una verdadera regresión del universalismo, regresión de la
democracia, regresión del estado de derecho y eso ocurre en todo el
planeta”.
No obstante, el reconocido reviró: “a pesar de este
diagnóstico inquietante, no soy de los desesperados y resignados. Por
temperamento, no soy de los que se la pasa diciendo que antes todo era
mejor. Soñar con regresar al mundo de antes no tiene ningún sentido si
realmente queremos salir del atolladero (…) Debemos ser conscientes de
ello para poder avanzar. Nada de lo que se ha inventado será
desinventado, el ritmo del cambio no se va a frenar; al contrario,
seguirá acelerándose”.
Por todo esto, dijo por último, “las mentalidades, a diferencia de la
ciencia, no avanzan por sí mismas ni son irreversibles, aunque a veces
tengamos la ilusión de que la historia avanza. Cuando la sociedad pasa
de la dictadura a la democracia, nunca se puede estar completamente
seguro de que no volveremos algún día a la dictadura. Cuando una región
del mundo pasa del estado de guerra al estado de paz, nada garantiza que
no se pueda volver al estado de guerra. En resumen, en el terreno de la
ciencia y la técnica, los avances se reproducen por sí solos y son
irreversibles, en cambio, en el terreno de las mentalidades, el progreso
sólo actúa si nosotros intervenimos y cada avance moral debe ser fruto
de una acción humana y esa acción debe ser reflexionada, mesurada y
eficaz. No debe ser simplemente un impulso puntual, tiene que sostenerse
con sabiduría y determinación a lo largo del tiempo”.
La única
forma sensata de poder hacer frente a este desafío, es acelerar en
paralelo la evolución de nuestras mentalidades, opinó el escritor:
“La
solución no es oponerse al progreso tecnológico ni rechazarlo, negarlo o
cerrar los ojos ante él. La solución es apropiarnos de este progreso,
ponerlo al servicio del ser humano, de su dignidad, de su libertad,
convertirlo en un instrumento de liberación y no de sometimiento”.
“Más necesario que nunca”
El escritor mexicano Jorge Volpi se
encargó de introducir al galardonado. Lo hizo con un discurso para
elogiar el trabajo literario del premiado.
“Como en el Imperio
Persa, la Persia sasánida, la era de los descubrimientos, el Siglo de
las Luces, la Segunda Guerra Mundial o la Guerra del Líbano, oscuros
escenarios frecuentados por Maalouf, o ese tenebroso futuro que
vislumbra en sus libros anticipatorios, hoy nos encontramos ante un
abismo. Mientras la barbarie se fortalece por doquier, por ejemplo, en
Gaza o en Ucrania, quebrantando los ideales de igualdad, libertad y
solidaridad, el humanismo nómada de Maalouf se vuelve más necesario que
nunca”.
De acuerdo con el acta del jurado del Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances,
Maalouf se llevó dicho galardón, “por ser una de las voces más
importantes de nuestro tiempo. Su obra tiene un lugar especial en la
literatura contemporánea porque explora con gran lucidez las fracturas y
los mestizajes del mundo moderno. Sus novelas y ensayos exploran la
memoria y el exilio, a la vez que rechazan la cerrazón nacionalista o
religiosa. Maalouf da voz a los desarraigados y viajeros de distintas
épocas y muestra que nuestras identidades múltiples están constituidas
de estratos, de cruces y pasajes”.
Esto lo dijo la escritora española Carmen Alemany Ibay, quien leyó el
documento en representación del resto de integrantes del jurado: Lucía
Melgar (México), Jerónimo Pizarro (Colombia), Xavi Ayén (España),
Francisco Noa (Maputo), Alain Mabanckou (República del Congo) y Massimo
Rizzante (Italia).
Nota cortesía:
Fuente de información:
Ricardo Quiroga (29 d noviembre de 2025). Amin Maalouf: “Atravesamos una regresión del universalismo y la democracia”. El Economista. México. Recuperado el 30 de noviembre de 2025 de: https://www.eleconomista.com.mx/arteseideas/amin-maalouf-atravesamos-regresion-universalismo-democracia-20251129-788872.html
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