La ciudad-Estado se ofrece como lugar de prueba de una firma alemana
de taxis aéreos
Lo bautizan a menudo como el país del futuro, y no es una denominación infundada. La última apuesta de Singapur para reivindicar el título es la de convertirse en espacio de prueba de taxis aéreos, similares a helicópteros en la forma, pero que funcionan de modo parecido a los drones. Una iniciativa con la que la isla, de poco más de 5,5 millones de habitantes y uno de los PIB per cápita más altos del planeta, mata dos pájaros de un tiro: seguir atrayendo empresas pioneras a su territorio y explorar nuevas fórmulas para asegurar que mantiene el tráfico a raya, una de sus grandes obsesiones.
SmartNation (Nación Inteligente), el proyecto que desde que fue presentado en 2014 ha convertido la innovación tecnológica en política de Estado, sigue abrazando nuevos retos. Singapur ya ha puesto a prueba los vehículos sin conductor, los autobuses eléctricos, ha creado un dron-estado en el que experimentar de forma segura cómo las naves no tripuladas pueden mejorar la vida diaria de sus ciudadanos, y ahora riza aún más el rizo facilitando sus primeros ensayos a la compañía alemana Volocopter.


